Escuchando danzar a un cuerpo mutilado: reflexiones sobre la memoria encorporada de la guerra en Colombia y las potencias performáticas de un sobreviv

La mano tiesa de Elvira abierta como loto en verano


CONTEXTO


En lo que va corrido de la década se han producido cambios significativos dentro de la dinámica del conflicto armado en nuestro país, específicamente para la problemática de las minas antipersona nombraré dos eventos trascendentales que incidieron en tales cambios: la entrada en vigencia del Plan Colombia en el año 2000 y la firma de la Convención de Ottawa en el 2001.

Por una parte, el proyecto de apoyo militar concebido para enfrentar desde la oferta al narcotráfico y perseguir con mayor despliegue de hombres y tecnología a los grupos armados ilegales, dotó de una inversión importante a las fuerzas armadas lo que se tradujo en una intensificación del conflicto y de la aspersión de cultivos ilícitos. Tras un álgido debate durante los primeros años de negociación del Plan, se introdujo un componente social que acallara las fuertes críticas de organizaciones sociales y defensoras de derechos humanos tanto en Colombia como en Estados Unidos.

La firma del tratado sobre la “Prohibición del Empleo, Almacenamiento, Producción Y Transferencia de Minas Antipersonal y sobre su Destrucción” obligó al estado a tomar medidas concretas para evitar la propagación de estas armas no convencionales y prevenir sus efectos. En este marco se encargó a la Vicepresidencia de crear un programa especial que ejecutara dicho mandato, ente propicio pues a lo largo de este largo gobierno ha sido el organismo que bajo el slogan de los derechos humanos ha realizado una considerable acción diplomática a favor (y justificación) de las medidas guerreristas ejercidas por la administración que empezaría en 2002.

Tenemos entonces de un lado, una inyección presupuestal para ahondar el conflicto y una contra-apuesta más política por paliar algunos de sus efectos. Esto condujo a la puesta en la escena pública de la temática de las minas antipersona, que años atrás ni era conocida ni era objeto de políticas públicas específicas. La cooperación internacional ayudó a consolidar un sistema de información que en teoría nos permite saber aproximadamente que Colombia sigue ocupando el primer lugar mundial en reportar víctimas de estos objetos explosivos, superando a países como Camboya, Bosnia, El Salvador, Nicaragua, Sudán, Mozambique, Somalia, Afganistán e Irak; con una deshonrosa cifra de casi siete mil afectados entre muertos y sobrevivientes, y en donde 31 de los 32 departamentos la población está en riesgo por la presencia de campos minados[i].

Desde los esfuerzos oficiales por disminuir ese número ha aparecido una propuesta que llama poderosamente mi atención, se trata de la estrategia de comunicaciones del Plan Nacional de Acción Integral contra las Minas Antipersona (2004-2009), +ARTE-MINAS, que vale la pena citar:

“La estrategia + ARTE—MINAS es un modelo personal y social que permitirá trabajar el perdón, la reconciliación, la superación de eventos traumáticos y el temor causado por la presencia o sospecha de MAP y MUSE, mediante mecanismos de recuperación psicológica, social y afectiva, canalizados a través del arte, la ciencia y la tecnología, con unas profundas raíces en la investigación de tradiciones y expresiones populares de las comunidades, pueblos y regiones donde se realice.

Filosóficamente, + ARTE - MINAS tomará del arte el lenguaje humanitario e inmensamente creativo, donde la esperanza será el centro de atracción, por encima de la tristeza y el dolor que serían formas más fáciles de impactar pero menos efectivas en resultados”.


A pesar de que esta estrategia está “suspendida” según palabras de la coordinadora de comunicaciones del programa Acción Integral contra Minas, pues con la llegada de la nueva administración (léase nuevo director del programa) el enfoque se ha direccionado hacia el deporte: + DEPORTE - MINAS. Es ésta relación entre arte/paz/conflicto que me interesa de manera especial y sobre la que esta investigación intentará dar cuenta, pues aunque fueron pocas las intervenciones que se llevaron a cabo en el marco de la estrategia, impactaron de manera importante el imaginario tanto sobre la problemática como sobre las acciones del estado por contrarrestarla.


LA POSIBILIDAD DE LOS ESTUDIOS CULTURALES Y/O LA JUSTIFICACIÓN

Desde que tengo razón para tomar decisiones en el terreno académico, me he enfrentado a una permanente inconformidad, derivada de no sentir adscripción completa hacia un campo determinado. Pasó igual cuando entré en las arenas movedizas de la danza contemporánea hace ya nueve años, donde no me decidí a una formación profesional y me he mantenido en los márgenes placenteros de una aficionada.

No sorprenderá por tanto hasta al menor conocedor de los estudios culturales, por qué la alegría y la esperanza me invadieron cuando me dijeron que era posible hacer los cruces que me interpelaban: ciencia política, filosofía, antropología, danza, estética… Y que además, no hacía falta ninguna supuesta neutralidad ni pretendida objetividad en el ejercicio, que antes bien debía tomar posición y declarar cuáles son mis apuestas políticas en el amasijo que viene siendo un estudio sobre el cuerpo mutilado puesto en escena como memoria parlante de la violencia.

Son variadas las aristas que pueden hacer de la propuesta relevante y pertinente. El preocupante momento de la historia del país donde la polarización en la que estamos inmersos, producto de la prolongación en el poder de una lógica concreta (buenos y malos) y prácticas autoritarias, nos obliga a pensar en formas otras y posibles de analizar la guerra, sus efectos y resoluciones en múltiples niveles. La espectacularización de ciertas acciones “humanitarias” desvía la atención sobre la contundencia de la falta de políticas comprometidas con llevar a cabo eso de –Minas o –Guerra o –Secuestro, etc. La bio/necro política debe reflexionarse desde la macro y micro política para entender hasta dónde y de qué formas el poder nos atraviesa y hasta dónde y cómo es posible transgredirlo.

Finalmente, la marginalidad de quienes se ven afectados por las armas no convencionales, también lanza a la superficie un asunto ético sobre nuestra propia inmunidad. Tal parece que hemos construido una comunidad perversamente organizada que excluye de la inmunidad a la que los ciudadanos tenemos por derecho propio a ciertos cuerpos, aquellos que importan poco o menos y que muchas de las veces no importan en lo absoluto, en ese sentido de la protección militar. Pero que entran a ocupar el cenit por su misma exclusión, los ejemplos son varios y tristes, los afectados por minas, los falsos positivos, y en general el sin número de individuos desarraigados de sus lugares de origen por la economía del desplazamiento forzado.


Cultura para la paz y cultura de paz

Observar la historia instrumental del arte sería una investigación igualmente apasionante, hay en las prácticas artísticas un halo de esperanza como dice el texto de la estrategia +ARTE-MINAS, tal vez de ver reflejado lo más sensible y bello del espíritu humano. En Colombia, se viene usando de una forma cada vez más sofisticada el uso de la “cultura para la paz” y la construcción de una “cultura de paz”.

Aunque entrecruzadas por momentos, no representan exactamente lo mismo. La primera pretende la ilusión de que las manifestaciones culturales entendidas más como representaciones artísticas ya sean tradicionales o de vanguardia, logran por sí mismas al itinerar por espacios públicos locales y ojalá nacionales, un efecto pacificador que sería algo así como la acción opuesta a las violencias relacionadas con la confrontación militar de la guerra interna. En cuanto a la cultura de paz, si bien relacionada con las primeras prácticas, abarca una idea más amplia de cambios en los comportamientos generales de las personas que conducirían a ir desarraigando poco a poco (y esta es por supuesto, una intuición netamente personal) eso que algunos “violentógolos” llamaron la violencia endémica o innata de los colombianos producto de unas herencias histórico-genéticas.

En cualquier caso, persiste una sospecha sobre los alcances de una y otra cultura para/de la paz. Ana María Ochoa, es referencia necesaria para recordar que “la controvertida idea de que la cultura es un ámbito desde el cual es posible construir la paz se traduce de diferentes modos y desde distintos lugares y no tiene por tanto un único significado” (Ochoa, 2003). Y que si bien la producción creativa puede estimular diálogos y experiencias que permitan comprender el mundo y los vecinos de otros modos más holísticos, otorgarle la potestad al arte de solucionar conflictos es una responsabilidad entre muchas otras cosas, desbordada.

MEMORIA ENCORPORADA: construcción permanente


El cuerpo mutilado representa una gran diferencia con respecto a otros cuerpos blancos directos de la guerra como secuestrados, muertos, desaparecidos, y es la presencia. Todos los otros son espacios de un cuerpo ausente, que por supuesto hablan y se llenan de diversos significados, pero que sencillamente no vemos, la invisibilidad permite (para quien no tenga relación directa) que los faltantes se conviertan en un símbolo, una imagen congelada en el tiempo y por las estadísticas. En el juego de la ambivalencia de estar, no ser vistos, y luego ser lugar de intervención, la potencia del mutilado es que al continuar vivo siempre puede seguir diciendo algo más sobre la experiencia de la violencia.

Por lo anterior es igualmente interesante para este estudio tanto la memoria singular de quien ha vivido en carne propia la mutilación como las formas en que se pueden dar pasos para la formación de memorias colectivas a partir de esas experiencias individuales e irrepetibles. La propuesta entonces es asistir a un acto testimonial que reclama recordar ciertos relatos que no pueden ser capturados bajo los datos estadísticos de las cifras de víctimas/sobrevivientes, accidentes/incidentes, asistidos/protésicos; cifras que entre otras cosas son mucho más que formatos como llama la atención Paul Connerton (1989), convirtiéndose en formas mismas de legitimación, atravesadas por el control y la propiedad de la información. Pero que tampoco se agotan en la reproducción de una narración oral, pues el lenguaje kinestético logra evidenciar asuntos que la palabra escrita no abarca satisfactoriamente la mayoría de las veces.

En medio de un auge de incentivos para los ejercicios sobre memoria y reconciliación, vale la pena observar los caminos posibles de traer al presente los hechos violentos (aunque estos sigan sucediendo todos los días). De una forma muy optimista más no terapéutica, se propone una exploración dancística del cuerpo mutilado que arroje tal vez ciertas luces sobre nuestras ideas de víctima, cuerpo, discapacidad, responsabilidad estatal, inmunidad y violencia. Y por qué no de construcción de memoria colectiva entendida esta como “instancia de reflexión y análisis, como instancia de creación, como forma de acercarse críticamente al presente, “deshabituando” y cuestionando el modo lineal y rígido de pensamiento.” (Lorenzano 2007:12).

Hablar de un registro encorporado entonces, no es solo hablar del cuerpo mismo de quien sobrevivió a un accidente particular sino de la incorporación sensible y corpórea de esos hechos violentos que nos distinguen a unos y a otros en el conflicto, pero de los que TODOS debemos ser testigos para dar cuenta de su existencia, latencias y sobretodo, responsables.

EL CUERPO: Lo abierto

Los ejercicios de danza integrada (esto es que participan bailarines sin y en situación de discapacidad) que hasta el momento he tenido la oportunidad de realizar, siempre arrojan momentos reveladores, como ventanas hacia dimensiones en las que uno quisiera sumergirse porque advierte que se esfuman ciertos miedos, ciertas actitudes mentales y corporales que limitan la expresión. Por esto creo que los juegos coreográficos son un escenario propicio en donde el cuerpo aparece como una materia maleable y en donde interviene para enunciar lo que no se atrevería de otro modo.

Esta tesis de la apertura se comprueba de una forma trágica en el mutilado, salvo por complicaciones derivadas de infección o pérdida extrema de sangre, se sobrevive la mayoría de las veces, y en su lugar perdido se instalan elementos protésicos que devienen cuerpo pero no para hacerlo posible ni para completarlo, más bien pueden estar ahí para hablar sobre nuevos movimientos, materialidades, texturas e imaginarios. Pensar en el cuerpo como un espacio abierto, inacabado, factible siempre de ser modificado, transformado y nombrado de otros modos, es lo que permite hacer de una puesta en escena del mismo, un juego ceremonioso de lo cotidiano no tanto para re-sacralizar el cuerpo sino para conectarse con sus potencias, apropiarlo y conocerlo en su capacidad de ser muchos significados.

Es por esto que la metáfora herética que propone Donna Haraway es tan tentadora, el cyborg como otra categoría más de taxonomización, que nos expone la fragilidad de los límites concretos y pesados de dividir los cuerpos según hombre/mujer.



[i] http://www.accioncontraminas.gov.co/estadisticas/estadisticas.html


Referencias Bibliográficas (para esta entrega)

Agamben, Giorgio. 2005. Lo abierto. El hombre y el animal. España: Pre-textos.

Traducción de Antonio Gimeno Cuspinera.

Butler, Judith. 2002. Cuerpos que importan. Sobre los límites materiales y discursivos del

“sexo”. Argentina: Paidós.

____ . 2006. Vida precaria: el poder del duelo y la violencia. Buenos Aires: Paidós.

Esposito, Roberto. 2005. Immunitas. Protección y negación de la vida. Buenos Aires:

Amorrortu.

____ . 2003. Communitas. Origen y destino de la comunidad. Buenos Aires: Amorrortu.

Harawy, Donna. 1991. Simians, Cyborgs, and Women. The Reinvention of Nature. New

York: Routledge.

Lorenzano, Sandra Ed. 2007. Políticas de la memoria, tensiones en la palabra y la imagen.

México: Universidad del Claustro de Sor Juana.

Comentarios

  1. (Editor) Embodiment and Experience: The Existential Ground of Culture and Self. Cambridge: Cambridge University Press.

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  2. Se me ocurre que la guerra tiene asociada ciertas “políticas del cuerpo”… son cuerpos quienes agreden, son cuerpos quienes son agredidos… la acciones violentas son acciones sobre cuerpos, de hecho, son violentas porque cuerpos pueden ser violentados, porque cuerpos se sienten violentados… ¿no es así como significamos lo que nos parece o no violento?... hablo de cuerpos como vidas, como existencias, como historias, como memorias, como sueños… como acciones… también como piernas y como brazos… Se trataría de ‘políticas del cuerpo’ que normalizan ‘los cuerpos de la guerra’ y, al mismo tiempo, a los otros cuerpos… políticas que se proyectan en el tiempo en tanto buscan y tienen efectos más allá de la acción… siempre… nos marcan entonces posibilidades de lectura… incluso los límites entre lo visible y lo invisible… entre lo oculto y lo evidente… le hablan a los cuerpos individuales y sociales, indican su distinción, sus límites… marcan también la relación público-privado… siempre… y siempre funcionan así, tan perversamente, porque se orientan hacia los vivos, incluso desde la muerte…

    Pienso en un cuerpo desaparecido que se vuelve foto, N.N, ausencia diaria en la familia, entre los amigos, ADN, nieto, hijo… un cuerpo desaparecido que instaura cuerpos marchas (las madres de la Plaza de Mayo, por ejemplo) o cuerpos peregrinaciones (lo que sucede entre los Wayú, por ejemplo)… Pienso en un cuerpo asesinado que se vuelve cuerpos visita al cementerio, que marca la historia de los cuerpos vivos en tanto acontecimiento… Pienso en un cuerpo violado, sin cicatrices evidentes, tapado, entre la ropa, entre el pudor, entre el asco… Pienso en nuestros cuerpos con miedo, hastiados, a lo mejor abrumados, hasta impávidos… silenciados… normalizados… Todos éstos cuerpos que (nos) siguen hablando (los vivos siguen (seguimos) hablando)…

    No es más que un llamado a no normalizar ningún cuerpo como ‘el cuerpo de la guerra’… todos somos cuerpos que hablamos y que recordamos… somos cuerpos que queremos ser escuchados, vistos, olidos, sentidos, tocados… no invisibles ni ausentes… diferenciados en relaciones, no de antemano… entonces… ¿cómo acercarnos a las particularidades de los cuerpos mutilados?...

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