Carta abierta

Bogotá, septiembre 29 de 2009

Para darle un inicio formal a esta sustentación, me permito traer nuevamente algunos extractos de la introducción de mi trabajo con los que pretendo resumir, corriendo el riesgo de reducir o minimizar, una elaboración que se describe en más de cien páginas y que he venido viviendo durante los últimos dos años. Para reducir este riesgo, voy a dialogar con esos extractos desde la distancia que he podido tomar luego del cierre y de la entrega del trabajo que se caracterizaron por el vértigo y la intensidad.
El título de mi trabajo de grado, Inmunodeficiencia Biopolítica, con bastardilla y todo, ha sido de los aspectos más afortunados de esta elaboración teórico – práctica, en la medida en que estas dos palabras, conformadas por dos sustantivos y dos prefijos, dan cuenta de una serie de denuncias que pueden visualizarse, incluso, con la combinación caprichosas de sus elementos. El título entonces, delata una tensión entre el afán de lo vivo y de lo político por proteger su inmunidad (inmuno –bio; inmuno – político) con la deficiencia misma de la  política y de la vida (bio-deficiencia; deficiencia política).
El subtítulo, en cambio, me puso una trampa, una cascarita muy al comienzo del camino, porque nació al tiempo con el título y rápidamente se cristalizó, se naturalizó como subtítulo normal del rótulo principal y prácticamente  en ningún momento lo puse en duda. Ahora revisémoslo con cuidado: ‘Una mirada crítica a la producción de la subjetividad ‘del portador y del paciente de VIH’ desde las políticas públicas relativas a la salud’. De tres aspectos con los que se compromete este enunciado, tengo la tranquilidad de que el trabajo cumple con dos: la mirada crítica y la producción de una subjetividad específica. Sin embargo, en la misma introducción doy cuenta de que la criticidad y la revisión de lo subjetivo se hace prácticamente desde la orilla contraria a las políticas públicas relativas a la salud. La Asociación de Usuarios, lo queer, lo abyecto, Sebástian, O, imágenes, recuerdos, memorias, son lugares de emplazamiento desde los cuales revisé críticamente no sólo las políticas públicas sino otros regímenes de verdad que atraviesan la subjetividad de los portadores y pacientes. Pensar en otro subtítulo ahora sería tal vez inútil, sólo basta decir que en ocasiones son los contenidos los que logran darle un sentido propio a los rótulos con los que se bautizan.
Ahora, de manera brusca, voy a intentar a hacer un check list de las preguntas de investigación planteadas, con el objeto de ver si se respondieron o no, o al menos determinar sus nuevos alcances:
Los portadores de VIH son sujetos que luchan, que lidian con una pugna interna de anticuerpos y virus, encarnan las políticas que alcanzan el éxito entre más tiempo vivan, ingieren medicamentos como alimento vital y rutinario, sus vidas penden de las políticas, de las instituciones y del acceso oportuno a los medicamentos y a los tratamientos. ¿Podría afirmarse entonces que los portadores de VIH son sujetos inmersos en las lógicas que suponen una inmunodeficiencia de la biopolítica? (Díaz-Soto, Pág. 7, 2009)

A mi modo de ver ahora, podría afirmarse que no sólo los portadores de VIH están inmersos en estas lógicas. En primera instancia, vale la pena recordar que en varias ocasiones afirmé que las subjetividades de VIH van más allá que los portadores y pacientes, de modo que también ubica a familiares, amigos, funcionarios y cuerpo médico y de salud en estas lógicas. En segundo lugar, las grietas que se perciben en la Inmunodeficiencia Biopolítica permitiría hacer nuevos acercamientos, nuevos estudios de caso, ya no desde el VIH necesariamente, sino desde otras patologías como las enfermedades de alto costo, o tal vez desde la revisión de otras subjetividades que resultan residuales en el marco biopolítico, como los indigentes, los adultos mayores, los desplazados, los niños abandonados de difícil adopción. Incluso podrían revisarse subjetividades más normalizadas en las lógicas biopolíticas, sus posibles puntos de fuga y el afán de axiomatizar prácticas no previstas.
Las otras preguntas son:
¿Cuál es el lugar que ocupan las políticas públicas de salud en la construcción de la política asociada al VIH en Colombia? ¿Cuáles son las dimensiones que rodean esta relación? ¿Cómo la interacción de los sujetos portadores de VIH con la política pública puede dar cuenta de la posible vulnerabilidad del cuerpo político? ¿Cómo la Asociación de Usuarios de la Nueva EPS da cuenta de ciertas articulaciones entre subjetividades que hace más tensa la relación con las instancias de aplicación de la política pública? ¿De qué manera la agencia que ejerce la Asociación de Usuarios de la Nueva EPS se resiste al poder de las estrategias biopolíticas presionando la emergencia de formas de interacción alternativas a los esquemas de relación predeterminados institucionalmente? (Díaz – Soto, Pág. 8, 2009)

Tengo que admitir que el rumbo que tomó el estudio me hizo trasegar por lugares paralelos o caminos cruzados con los que me proponía recorrer inicialmente. En términos generales, en todo el cuerpo del estudio se perciben aspectos políticos criticados por mí, pero definitivamente hago un foco más profundo en la Asociación y en las derivaciones que mi experiencia allí me permitió, como la vivencia de un lugar/barrio que se suele evitar, donde vibran permanentemente prácticas que se resisten al orden biopolítico, aunque corren el riesgo de ser normalizadas bajo un marco de condiciones que las hagan aceptables. De esta manera, las políticas públicas no son necesariamente revisadas desde su formulación pura (llámese acuerdo, decreto, resolución, carta), sino que se trata de una mirada de la política aplicada o no en un contexto específico, en unas formaciones sociales que en ocasiones no saben de política, pero que la viven o la retan.
Fueron cuatro las hipótesis que arriesgué al inicio del estudio. La primera era justamente que la biopolítica tenía puntos débiles que se salen de su control y el VIH se configura como una patología no sólo biológica, sino política, institucional y social que la pone a prueba y la convierte en vulnerable. Esto se evidencia a lo largo del estudio, pero es totalmente claro en escenarios de lucha, por ejemplo, como las asambleas de la Asociación o las discusiones con las instituciones, momentos en los que las vivencias de los portadores y otras subjetividades asociadas al VIH se salen de los procedimientos preguionizados con los que deben ‘funcionar’ los funcionarios. Con esto quiero decir que aun queda un trecho largo por recorrer para presentar el impacto mortal que la emergencia del VIH le ha propinado a las estrategias biopolíticas, no sólo en espacios de exigencia de derechos, sino en muchos otros que están por ser identificados.
La segunda hipótesis y sin que hubiera sido enunciado en los cuestionamientos iniciales, tenía que ver con la carencia de imágenes como móvil fundamental del activismo político. En realidad, la pregunta por la imagen, por lo que muestra y oculta, surgió durante el Estado del Arte cuando revisé las experiencias de Douglas Crimp y de la Galería Nacional Australiana que presentaban imágenes del SIDA, no desde las campañas de prevención ni desde los discursos institucionalizados, sino justamente de lo contrario, de la presencia de personas viviendo con SIDA, una presencia con urgencia de evidenciar lo que preferimos dejar pasar como tragedia, una interpelación a partir de formas, figuras y cuerpos que no resultan fáciles de ser admitidos como completamente humanos, cuerpos en decadencia. Lo que más me impactó de esas experiencias es que aquellas imágenes tenían su propia voz. Así de sencillo. Multiplicidad de imágenes con voz que se juntaban con un fin político, que intervenían espacios públicos, que se confrontaban con el sistema. Sencillamente quería saber qué tanto de esas imágenes con voces, de manera colectiva y de activismo político podría encontrar en mi contexto cercano. También resultó urgente explorar con mis propias imágenes y con mi propia voz.
La tercera hipótesis plantea un vínculo aparentemente indisoluble entre el VIH/SIDA como tema y la comunidad homosexual como protagonista de una patología que muy temprano sobrepasó las fronteras de las prácticas sexuales y que desde hace rato está también inserta en la vida de muchos otros protagonistas. Esta hipótesis es particularmente problemática en la medida en que juega con el filo de mantener en el estigma a grupos de personas por sus prácticas sexuales, al tiempo que parece ser el escenario dispuesto a mantener el tema del VIH vigente en la agenda pública.
La última hipótesis tiene que ver con el poder creador de subjetividades que tienen las políticas públicas y sus estrategias de aplicación. Esta hipótesis no es para nada nueva, de hecho los estudios culturales están repletos de huellas que lo reafirman, sin embargo el elemento diferenciador es que en este caso, la subjetividad que se creaba era la mía y la de mi entorno. Es decir, destruyo por completo cualquier brecha entre investigador y objeto de estudio y me miro al espejo, me proyecto y me descubro como un mosaico de subjetividades e identidades que salen a flote a conveniencia en el momento en que alguna esfera de las estrategias biopolíticas lo exijan. Así también me descubro autoinmune, sujeto de la inmunodeficiencia biopolítica.
Tal vez muchas de las cosas que he escrito en esta carta debían estar más presentes en la investigación, sin embargo es claro que el trabajo editorial que esto supone implica también una serie de decisiones personales, funcionales y políticas, que llevan en ocasiones a pensar más en la importancia de lo que se queda por fuera, que en la relevancia de lo que permanece en el registro.
En las 113 páginas que hacen parte del estudio he dicho y reiterado en lo que consiste y las implicaciones que ha tenido en mi propia subjetividad, pero tal vez no le dediqué ni una sola línea a decir lo que no es mi trabajo de grado, de manera que señalo algunos aspectos que no hacen parte de esta etapa de mi búsqueda, pero que a la vez se configuran en escenarios propicios para desarrollar o motivar otras exploraciones en los linderos del VIH/SIDA desde miradas atravesadas por lo político, lo social, lo cotidiano y lo estético. De esta manera, se puede decir que esta investigación: 
No es un estado del arte que explore de manera exhaustiva las políticas públicas formuladas o el asunto del VIH en alguna región particular. Este estudio se ubica en un entorno muy concreto en un lugar del centro de Bogotá, que a su vez sirve de epicentro para la revisión de otras subjetividades y prácticas que se entrecruzan con el estudio. Se aproxima a unos protagonistas que son cortados por la inminencia de la política pública a pesar de sí mismos e, incluso, para mantenerlos con vida. Como investigadora eché mano del aparato teórico que me permitiera comprenderlo y analizarlo sin detenerme a verificar su origen geográfico.
No es un estudio de las representaciones del VIH/SIDA que revise con profundidad todas las imágenes creadas en el marco de esta patología en Colombia, con el fin de defragmentar los aspectos que ilustra y los contextos en los que se produce y circula. Se trata más bien de una inquietud relacionada con la imagen como escenario de lucha política, que busque mantener la patología en la agenda con propósitos que superen la prevención y lo benéfico, de modo que logre generar preguntas más profundas sobre cómo la biopolítica, las instituciones y la sociedad deben responder y relacionarse con unos sujetos cuyos cuerpos están enfermos o en riesgo perpetuo.  
  El objeto visual no es una pieza que pueda tener vida propia. Sería irresponsable que, en el estado de este objeto visual, fuera exhibido sin el contexto que permite el texto escrito o el que puedo relatar como autora. Puede evolucionar a una pieza autárquica, pero esto sería otro documento audiovisual, legítimo pero distinto al que originalmente se produjo como capítulo en movimiento de esta investigación. Queda el reto por armar una producción nueva que logre exponer tanto el contexto como las vivencias, los protagonistas, las preguntas e, incluso, las consideraciones teóricas que se tejen en el estudio. En otras palabras, aún le queda mucho kilometraje al material recogido durante el trabajo de campo.
La recurrencia, la escritura y reescritura de este texto me hicieron acostumbrarme con algunos aspectos que di por hecho, por sentado, por supuestos. Debo reconocer entonces que hay giros sin previo aviso, que hay saltos sin arneses, que hay cortes sin anestesia. En mi mapa mental conozco la ruta y la cabeza me traiciona de modo que en el texto creo ver el recorrido completo sin baches. Sin embargo, allí están los vacíos. Ofrezco disculpas a los lectores por esto.
No queda más que agradecer a los jurados lectores, por su lectura atenta y comprometida y por sus comentarios y consideraciones que fueron revisadas por mí con el mismo empeño. A mi directora de tesis por proponer un ritmo de trabajo retador y lanzar el salvavidas en los momentos oportunos. A mis compañeros por seguirle la pista a mi trabajo, por el apoyo y por el mutuo entendimiento. A los profesores de la maestría que, a su manera y muchas veces sin saber, hicieron aportes valiosos a este estudio. Al tetramonio y a mis amigos presentes de cuerpo y de corazón por manifestar su apoyo decidido y por sacrificar muchos espacios juntos; me comprometo a reponer cada una de las 64 cervezas pendientes.
Muchas gracias.

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